Mucho antes de alcanzar la fama mundial con películas como “Deadpool”, Ryan Reynolds enfrentó uno de los momentos más difíciles de su vida. El actor canadiense recordó recientemente el grave accidente que sufrió cuando tenía apenas 18 años y que pudo haber cambiado por completo su futuro personal y profesional.
Durante una conversación con su amigo y socio Rob Mac para GQ, Reynolds contó que el accidente ocurrió en Vancouver, Canadá, su ciudad natal. Según relató, aquella noche había salido de un bar y, aunque solo había bebido una cerveza, decidió no conducir su automóvil.
El actor explicó que su casa estaba a pocas cuadras, pero aun así prefirió no tomar el volante. Para Reynolds, fue una decisión responsable y correcta. Sin embargo, pocos minutos después, mientras caminaba y cruzaba la calle, fue atropellado por un conductor ebrio.
El impacto fue devastador. Reynolds aseguró que el golpe fue tan fuerte que el vehículo del conductor quedó inservible. Como consecuencia del accidente, el actor sufrió múltiples fracturas y permaneció internado durante cuatro semanas en el hospital.
“Me rompí todos los huesos del lado izquierdo”, recordó el protagonista de “Deadpool”, dejando sorprendido a Rob Mac durante la conversación. La confesión mostró una faceta poco conocida del intérprete, quien pocas veces ha hablado públicamente de la magnitud de aquel episodio.
Aunque el accidente ocurrió cuando todavía estaba lejos de convertirse en una estrella de Hollywood, sus consecuencias físicas fueron profundas. Reynolds tuvo que atravesar un largo proceso de recuperación y, según ha reconocido en otras entrevistas, nunca volvió a sentirse completamente igual después de lo ocurrido.
En una conversación anterior con CTV News, el actor reveló que despertó tres días después del impacto. Al abrir los ojos, encontró a su padre, James Reynolds, a su lado en la habitación del hospital. Con el humor negro que suele caracterizarlo, recordó que su padre sostenía una bandeja porque él había estado vomitando mientras permanecía inconsciente.
Reynolds bromeó al decir que pocas cosas expresan tanto amor como que alguien se quede al lado de una persona en esas condiciones. A pesar del tono humorístico con el que suele narrar la historia, el accidente fue uno de los episodios más serios y dolorosos de su juventud.
Con el paso de los años, el actor logró construir una carrera marcada por personajes físicamente exigentes, especialmente en películas de acción y comedia. Su papel como Deadpool lo convirtió en una figura global y lo llevó a realizar secuencias que requieren preparación, resistencia y coordinación.
Sin embargo, Reynolds ha explicado que, aunque disfruta participar en escenas físicas, también ha aprendido a reconocer sus límites. En una entrevista con Variety, señaló que le gusta hacer todo lo que puede por sí mismo, pero que se aparta cuando una escena resulta demasiado peligrosa y requiere la intervención de un profesional entrenado.
El actor también ha admitido que la edad lo ha llevado a ser más cuidadoso. Con su característico sentido del humor, comentó que después de cierta etapa de la vida ya no se puede tomar analgésicos como si fueran cereal y que ser lanzado contra el cemento deja de parecer divertido después de los 35 años.
A pesar de las secuelas y del paso del tiempo, Reynolds continúa involucrado en proyectos de alto perfil. Uno de los más recientes lo reúne nuevamente con Hugh Jackman, su amigo y compañero de pantalla en “Deadpool & Wolverine”.
Ambos trabajan en una nueva docuserie para Disney+ centrada en el equipo de vela BONDS Flying Roos SailGP, un club australiano que adquirieron juntos el año pasado. La producción seguirá una temporada completa del campeonato mundial SailGP, una competencia de alto nivel en la que catamaranes de 50 pies pueden alcanzar velocidades cercanas a los 100 kilómetros por hora.
En un comunicado, Reynolds y Jackman adelantaron que el proyecto tendrá acción, comedia y corazón, pero esta vez con mucha más agua. También bromearon con la posibilidad de que aparezcan piratas, fieles al tono humorístico que ambos suelen compartir en sus colaboraciones públicas.
La historia del accidente muestra una parte menos conocida de Ryan Reynolds: la de un joven que tomó una decisión responsable al no conducir después de beber, pero que aun así terminó siendo víctima de la imprudencia de otra persona.
Aquel episodio pudo haber cambiado su vida para siempre. Sin embargo, Reynolds logró recuperarse, continuar su camino y convertirse en uno de los actores más populares de Hollywood, manteniendo el humor incluso al recordar uno de los momentos más duros de su historia personal.
Su testimonio también funciona como una reflexión sobre las consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol y sobre cómo una sola decisión irresponsable puede poner en riesgo la vida de otros. En el caso de Reynolds, el accidente dejó lesiones severas, una recuperación prolongada y una marca que lo acompaña hasta hoy.
Aun así, el actor transformó esa experiencia en parte de su historia de resiliencia. Décadas después, sigue trabajando, produciendo, actuando y enfrentando nuevos retos, demostrando que incluso los episodios más difíciles pueden formar parte del camino hacia una vida extraordinaria.