Khloé Kardashian volvió a referirse a uno de los temas que más ha marcado su vida pública: la relación entre su imagen corporal, la industria del entretenimiento y el trato que recibió antes y después de perder peso.
Durante un episodio reciente de su podcast Khloé in Wonder Land, la empresaria y estrella de reality habló con sinceridad sobre cómo percibió un cambio evidente en la actitud de algunas personas hacia ella luego de transformar su apariencia física. Según explicó, el proceso le permitió notar con mayor claridad ciertas dinámicas dentro de la moda, la televisión y los espacios sociales donde ha estado expuesta durante años.
Kardashian recordó que, cuando tenía más peso, sentía que era tratada de forma distinta en comparación con sus hermanas Kourtney y Kim. Aseguró que esa diferencia se volvió aún más evidente cuando comenzó a perder peso y a recibir una atención más positiva por parte de personas que antes no mostraban la misma disposición.
“Cuando tenía más peso, recibía un trato muy diferente al que recibían mis hermanas Kourtney y Kim. Cuando perdí mucho peso y empecé a verme diferente, el trato que comencé a recibir fue mucho mejor”, expresó.
La también empresaria señaló que esa experiencia le resultó incómoda, porque le permitió identificar quiénes habían sido amables únicamente después de su cambio físico. Aunque reconoció que el mundo del entretenimiento muchas veces funciona bajo apariencias, afirmó que no olvidó a quienes anteriormente fueron groseros o indiferentes con ella.
Para Khloé, el punto más doloroso no fue únicamente notar el cambio de trato, sino entender que muchas personas parecían valorar más su apariencia que su personalidad. Por ello, insistió en que, pese a los cambios en su cuerpo, continúa siendo la misma persona.
“Soy la misma persona, pero estéticamente me veo diferente. El trato hacia mí es tan distinto que me hace sentir incómoda. Ese es el mundo en el que vivimos y no me gusta”, afirmó.
La integrante de la familia Kardashian también recordó situaciones vividas en la industria de la moda, especialmente durante sesiones fotográficas en los primeros años de exposición mediática de su familia. Según relató en entrevistas anteriores, muchas veces no tenía opciones de vestuario, mientras que sus hermanas sí recibían mayor atención de estilistas y diseñadores.
Kardashian aseguró que algunos profesionales incluso rechazaron trabajar con ella debido a su talla, lo que afectó profundamente su autoestima en aquel momento. Años después, varias de esas mismas personas volvieron a buscarla cuando su imagen física cambió, una situación que la hizo reflexionar sobre la superficialidad de ciertos entornos.
Su proceso de transformación comenzó a mediados de la década de 2010, después de su divorcio del exjugador de baloncesto Lamar Odom. Con el tiempo, Khloé incorporó rutinas de ejercicio y cambios en su alimentación, aunque ha aclarado que su enfoque no se limita únicamente al peso.
A lo largo de los años, también desarrolló proyectos relacionados con el bienestar físico y la imagen corporal, como el libro Strong Looks Better Naked y el programa Revenge Body, centrado en historias de transformación personal.
Sin embargo, Kardashian ha insistido en que su visión actual es distinta a la que tenía en el pasado. En declaraciones recientes, señaló que ya no se obsesiona con la balanza y que considera poco saludable reducir el bienestar a un número.
“Yo ya no miro una balanza. Creo que no es saludable. No lo hago desde hace años. Son solo números”, afirmó.
Con sus declaraciones, Khloé Kardashian vuelve a poner sobre la mesa una conversación importante sobre los estándares de belleza, la presión social y la forma en que el aspecto físico puede influir en el trato que reciben las personas. Su testimonio refleja una experiencia personal, pero también evidencia una problemática más amplia dentro de la industria del entretenimiento y la sociedad en general.