La película biográfica Michael (2026), dirigida por Antoine Fuqua, ha llamado la atención no solo por retratar la vida de Michael Jackson, sino también por la forma en que logró recrear su inconfundible voz sin utilizar inteligencia artificial. El proyecto apostó por un enfoque técnico tradicional que prioriza la autenticidad sonora, según explicó el equipo de producción en declaraciones a The Hollywood Reporter.
El filme, protagonizado por Jaafar Jackson —sobrino del artista—, recorre la trayectoria del cantante desde sus inicios con los Jackson 5 hasta el auge de su carrera en la gira Bad de 1988. En este proceso, uno de los mayores retos fue reproducir su voz de manera fiel, sin recurrir a herramientas digitales avanzadas que hoy son comunes en la industria.
Para lograrlo, el equipo técnico optó por combinar las interpretaciones en vivo de los actores con grabaciones originales del propio Michael Jackson. Esta decisión permitió construir una experiencia sonora que respeta el timbre y la esencia del cantante, integrando lo interpretativo con material histórico.
El supervisor musical John Warhurst confirmó que desde el inicio se descartó el uso de inteligencia artificial. En su lugar, se decidió grabar tanto los diálogos como las canciones directamente durante el rodaje. Este proceso incluyó múltiples tomas por escena, en algunos casos entre 15 y 20 registros vocales, que posteriormente fueron seleccionados y mezclados según las necesidades narrativas.
Durante las escenas, Jaafar Jackson y el actor Juliano Valdi —quien interpreta al artista en su infancia— realizaron interpretaciones en vivo, cuidando los matices vocales y emocionales característicos del “Rey del Pop”. En momentos donde los actores aportaban elementos propios o improvisaciones, sus voces predominaban. Sin embargo, en las secuencias más emblemáticas, se utilizó la voz original de Michael Jackson para mantener un mayor nivel de autenticidad.
El parentesco entre Jaafar Jackson y el cantante facilitó el proceso. Según Warhurst, la similitud natural en el timbre vocal permitió una integración más orgánica entre las interpretaciones del actor y los registros originales del artista.
En el caso de las escenas de infancia, donde no existen grabaciones completas de Michael Jackson, el trabajo recayó principalmente en Juliano Valdi, quien aportó tanto la interpretación vocal como la recreación física del artista en sus primeros años.
En la etapa de postproducción, el equipo utilizó herramientas clásicas de edición de audio, como ecualización y reverberación, evitando efectos digitales invasivos. Este enfoque permitió mantener la naturalidad del sonido y evitar manipulaciones artificiales que alteraran la percepción del público.
La decisión de no utilizar inteligencia artificial también respondió a criterios éticos y creativos. De acuerdo con el equipo, el objetivo era diferenciarse de otras producciones biográficas que han recurrido a recursos tecnológicos para recrear voces, y en su lugar ofrecer una experiencia más fiel basada en material auténtico.
Con esta estrategia, Michael (2026) no solo presenta una reconstrucción visual de la vida del artista, sino también un trabajo sonoro que busca preservar su legado con la mayor fidelidad posible, apostando por métodos tradicionales en una industria cada vez más dominada por la tecnología digital.