Zack Snyder regresa al cine con un proyecto muy distinto a las grandes producciones que marcaron buena parte de su carrera. El director de “300”, “Watchmen”, “Man of Steel” y “La liga de la justicia” presentó en el Festival Internacional de Cine de Toronto “The Last Photograph”, una película independiente que llevaba cerca de dos décadas intentando concretar.
A diferencia de sus trabajos para DC o Netflix, esta producción no cuenta con el respaldo de un gran estudio ni de una plataforma. Snyder la filmó con un equipo reducido, asumió también la dirección de fotografía y apostó por una puesta en escena más física, directa y alejada de los recursos habituales de sus superproducciones.
La película está ambientada en la selva de un país latinoamericano no identificado y sigue a dos hombres marcados por una tragedia. El punto de partida es una masacre ocurrida durante una fiesta de cumpleaños, cuando un grupo armado asesina a los adultos presentes y secuestra a dos niños.
Uno de los testigos del ataque es Joe Wallace, un fotoperiodista interpretado por Fra Fee. Wallace logra sobrevivir y captura con su cámara parte de la violencia, incluida la muerte de la madre de los menores secuestrados.
La tragedia también alcanza a Ethan Black, un granjero escocés interpretado por Stuart Martin, cuyo hermano muere durante la masacre. Movido por la pérdida, la culpa y una relación clandestina con la viuda de su hermano, Ethan viaja a Sudamérica para encontrar a Wallace y buscar a los niños desaparecidos.
El fotógrafo acepta ayudarlo a cambio de dinero, pero también por su propia necesidad de exponerse al peligro. A partir de ahí, la película se convierte en un viaje hacia el interior de la selva y hacia las heridas internas de ambos personajes.
La crítica ha comparado ese recorrido con “Apocalypse Now”, por su estructura de viaje río arriba, su atmósfera de descenso moral y la forma en que el peligro externo se mezcla con los fantasmas personales de los protagonistas.
Sin embargo, “The Last Photograph” no se presenta como una película de guerra convencional. El relato se concentra más en la culpa, la pérdida, la violencia y la redención que en la espectacularidad militar.
Ethan revela durante el trayecto que fue agente de la DEA, mientras Wallace aparece definido por su distancia emocional, su adicción y su tendencia a esconderse detrás de la cámara. Entre ambos se construye una relación tensa, atravesada por reproches, necesidad y desconfianza.
El rodaje se realizó en Colombia, principalmente en zonas vinculadas a la Amazonía y otras locaciones naturales. Snyder trabajó con cámara en mano y con un equipo mucho más pequeño que el de sus producciones anteriores.
El director también prescindió de varios elementos habituales en el cine de gran presupuesto. Según lo relatado por el propio equipo, no hubo pantallas verdes, grúas, remolques ni grandes estructuras de comodidad. La intención era moverse rápido, capturar más planos y trabajar con una energía cercana a la de un rodaje de guerrilla.
Durante la filmación, Snyder llegó a enfermarse de COVID, pero continuó rodando con la cámara al hombro. Más tarde explicó que la película recaía literal y simbólicamente sobre sus hombros, porque además de dirigir también estaba encargado de capturar las imágenes.
La productora Deborah Snyder, esposa y colaboradora habitual del cineasta, comparó este método de trabajo con la etapa inicial del director en comerciales y videos musicales: producciones más pequeñas, rápidas y con mayor libertad visual.
La película también representa una transformación personal para Snyder. El proyecto nació hace años como un thriller de espionaje y guerra, y en algún momento estuvo vinculado a nombres como Sean Penn y Christian Bale.
Con el paso del tiempo, y especialmente tras la muerte de su hija Autumn Snyder en 2017, el director replanteó el material. Según ha explicado, la historia terminó convirtiéndose en una meditación sobre la muerte, la redención y las distintas formas en que las personas intentan comprender el mundo.
“The Last Photograph” también marca una distancia respecto a varios rasgos reconocibles del cine de Snyder. El filme evita en gran medida la cámara lenta, los fondos digitales y el exceso de efectos visuales que caracterizaron parte de su filmografía más popular.
Aun así, conserva momentos de acción y tensión, incluida una incursión armada y una explosión de helicóptero. Pero el centro del relato está puesto en el deterioro emocional de los personajes y en el peso de las decisiones que los llevaron hasta ese punto.
El estreno en Toronto abrió una nueva etapa para el director, quien busca alejarse temporalmente del modelo de franquicias, secuelas y universos compartidos. Después de su salida del mundo de DC y del cierre de su etapa con Netflix, Snyder parece apostar por un cine más libre, más pequeño y más personal.
La recepción crítica, sin embargo, ha sido dividida. Algunos comentarios han destacado la ambición visual y la intensidad de sus escenas de acción, mientras otros han sido duros con el resultado final y con los excesos narrativos del director.
Por ahora, “The Last Photograph” no cuenta con una distribución comercial ampliamente anunciada, por lo que su paso por festivales también funciona como una búsqueda de compradores y de un camino hacia las salas o plataformas.
La película confirma que Zack Snyder no abandona el cine de acción, pero sí intenta reubicarlo en otro terreno: menos industrial, más crudo y con mayor control autoral.
Con “The Last Photograph”, el cineasta deja atrás por un momento los superhéroes, los ejércitos espaciales y los universos expansivos para internarse en una historia de selva, trauma y supervivencia. Un regreso independiente que, más allá de la recepción, muestra a Snyder intentando recuperar una forma de hacer cine más cercana al riesgo que al cálculo de franquicia.