Durante más de una década, presentar una película en Cannes o Venecia parecía uno de los primeros pasos para construir una campaña importante rumbo a los Oscar.
Alfombras rojas, ovaciones, críticas internacionales y meses de conversación mediática convertían a los principales festivales europeos en plataformas privilegiadas para posicionar películas, directores y actores antes de que comenzara formalmente la temporada de premios.
En 2026, sin embargo, esa relación está cambiando.
Los grandes estudios de Hollywood parecen haberse vuelto más selectivos a la hora de decidir qué producciones exponen en Cannes y Venecia.
Uno de los ejemplos más llamativos es “Digger”, la nueva película de Alejandro G. Iñárritu protagonizada por Tom Cruise.
El director mexicano mantiene una extensa relación con el circuito de festivales.
“Birdman” inauguró el Festival de Venecia en 2014, mientras “Bardo” compitió allí en 2022.
Esta vez, sin embargo, “Digger” tomó un camino diferente.
La sátira protagonizada por Cruise, cuyo presupuesto ronda los 125 millones de dólares, celebró su estreno mundial el 22 de septiembre de 2026 en Londres.
La presentación formó parte de la tradicional Royal Film Performance y contó entre sus invitados con el príncipe William y Catherine, princesa de Gales.
No hubo paso previo por Venecia.
La decisión resulta especialmente significativa porque “Digger” reúne varios elementos que durante años habrían convertido automáticamente a una película en candidata para el Lido: un director ganador del Oscar, una gran estrella internacional, un presupuesto elevado y claras aspiraciones dentro de la temporada de premios.
Pero Iñárritu no fue el único cineasta importante que optó por otro recorrido durante 2026.
Cannes tampoco recibió algunos de los estrenos de estudio que inicialmente habían sido considerados como posibles grandes acontecimientos de su programación.
“The Odyssey”, de Christopher Nolan; “Disclosure Day”, de Steven Spielberg; “Digger”; y “The Adventures of Cliff Booth”, de David Fincher, estuvieron entre los títulos de alto perfil que no terminaron apareciendo en la Croisette.
La edición 2026 quedó así prácticamente sin los grandes blockbusters hollywoodenses que durante años proporcionaron algunas de las alfombras rojas más mediáticas del festival.
Eso no significa que el cine estadounidense haya desaparecido de Cannes.
La selección continuó incluyendo producciones independientes y cineastas norteamericanos, mientras la dirección del festival rechazó que la ausencia de los grandes estudios pudiera considerarse necesariamente una tendencia permanente.
El cambio parece estar ocurriendo específicamente en las producciones de mayor presupuesto.
Para estas películas, un festival internacional representa tanto una oportunidad como un riesgo.
Una recepción entusiasta puede convertir una película en candidata inmediata a premios.
Pero una reacción negativa también puede acompañarla durante meses antes de que llegue al público.
Ese riesgo quedó especialmente expuesto con “Joker: Folie à Deux”.
La secuela protagonizada por Joaquin Phoenix y Lady Gaga compitió en Venecia en septiembre de 2024.
Su presencia tenía una lógica evidente.
La primera “Joker” había ganado el León de Oro en el mismo festival en 2019, obtuvo 11 nominaciones al Oscar y superó los 1.000 millones de dólares en las salas de todo el mundo.
La secuela tuvo un resultado muy diferente.
Las primeras críticas desde Venecia fueron considerablemente más negativas y la película posteriormente sufrió un fuerte fracaso comercial.
“Joker: Folie à Deux” terminó recaudando aproximadamente 207,5 millones de dólares a nivel mundial frente a un presupuesto de producción estimado en unos 190 millones, sin contar la inversión internacional en publicidad y distribución.
La película tampoco consiguió nominaciones al Oscar.
La experiencia reforzó una preocupación existente dentro de los estudios: si una producción todavía se encuentra a varias semanas de llegar a los cines, una reacción adversa en un festival puede establecer anticipadamente la conversación que la acompañará durante su lanzamiento.
El problema se amplifica debido a las redes sociales.
Hace dos décadas, las primeras críticas permanecían principalmente dentro de publicaciones especializadas.
Actualmente, una reacción después de una función puede circular instantáneamente entre millones de usuarios mediante titulares, videos, puntuaciones y publicaciones virales.
De esta manera, una película puede adquirir una reputación positiva o negativa mucho antes de que la mayoría del público tenga oportunidad de verla.
A ello se suma el costo.
Transportar actores, equipos creativos, publicistas y ejecutivos hasta Europa, alquilar espacios, organizar fiestas, sesiones de prensa y eventos promocionales puede representar una inversión considerable.
Para producciones independientes, ese gasto puede justificarse porque un festival ofrece exposición que sería difícil conseguir de otra manera.
Para una superproducción protagonizada por Tom Cruise, Leonardo DiCaprio o Brad Pitt, la ecuación es distinta.
Los estudios ya cuentan con herramientas para generar atención mundial sin depender de un festival.
El caso de Cannes también ofrece antecedentes que alimentan esas dudas.
“Indiana Jones and the Dial of Destiny” fue presentada fuera de competición en 2023 y salió del festival con críticas divididas.
Posteriormente recaudó cerca de 384 millones de dólares con un presupuesto que rondó los 300 millones.
Pero establecer que Cannes causó directamente ese resultado sería una simplificación.
El elevado costo de producción, la competencia en cartelera, el comportamiento del público y la propia recepción de la película también influyeron.
Ese matiz es importante para entender la situación actual.
Los festivales no necesariamente están perjudicando a Hollywood.
Los estudios simplemente parecen menos dispuestos a asumir una exposición temprana cuando consideran que pueden promocionar una película mediante otros canales.
Además, las últimas temporadas demostraron que pasar por Cannes o Venecia ya no es requisito indispensable para triunfar en los Oscar.
“Oppenheimer” llegó directamente a los cines en 2023 y posteriormente ganó mejor película.
Una situación similar ocurrió con dos de los mayores protagonistas de los premios de 2026.
“Sinners” consiguió 16 nominaciones al Oscar y ganó cuatro premios, mientras “One Battle After Another” obtuvo seis estatuillas, incluyendo mejor película y dirección para Paul Thomas Anderson.
Ninguna necesitó un gran estreno en Cannes o Venecia para consolidar su campaña.
Ese resultado ofrece a los estudios una alternativa atractiva.
Una película puede lanzarse directamente en salas, construir conversación entre el público y posteriormente iniciar una campaña de premios en Estados Unidos.
Sin embargo, eso tampoco significa que Cannes y Venecia hayan perdido su capacidad para impulsar películas.
La temporada de premios de 2026 ofrece justamente el contraejemplo.
Seis títulos procedentes de la selección oficial de Cannes 2025 acumularon 19 nominaciones al Oscar.
“Sentimental Value”, que había ganado el Grand Prix en Cannes, consiguió nueve candidaturas y posteriormente obtuvo el Oscar a mejor película internacional.
“The Secret Agent”, “It Was Just an Accident” y “Sirāt” también llevaron su recorrido desde la Croisette hasta la Academia.
Los festivales siguen siendo, por tanto, especialmente importantes para el cine internacional, independiente y de autor.
Lo que parece estar cambiando es su relación con las superproducciones estadounidenses.
Venecia vivió una situación similar en 2026.
Su programación mantuvo películas respaldadas por compañías como A24, Searchlight y Netflix, pero varios títulos de enorme perfil que se esperaba que llegaran al Lido finalmente eligieron otras estrategias.
Además de “Digger”, quedaron fuera producciones vinculadas con David Fincher, Aaron Sorkin, Tom Ford y Tony Gilroy.
Más que un abandono definitivo, el fenómeno parece reflejar una nueva evaluación de riesgos.
Durante años, Hollywood utilizó Cannes y Venecia porque una buena recepción podía impulsar una película durante meses.
Ahora los estudios también consideran la posibilidad contraria: que una mala noche frente a cientos de críticos pueda complicar una campaña antes de que siquiera comience.
“Digger” representa perfectamente esa nueva lógica.
Warner Bros. tenía una película de 125 millones de dólares, dirigida por un cineasta estrechamente relacionado con Venecia y protagonizada por una de las mayores estrellas del cine mundial.
En lugar del Lido, eligió Londres, una premiere controlada y un evento con enorme repercusión internacional gracias a la presencia de la familia real.
La estrategia demuestra que los estudios ya no consideran a los grandes festivales europeos como una parada obligatoria.
Cannes y Venecia siguen siendo dos de los escaparates cinematográficos más importantes del mundo.
Pero su función está evolucionando.
Para el cine independiente e internacional continúan siendo capaces de transformar una película desconocida en una candidata mundial a premios.
Para los grandes estudios de Hollywood, en cambio, se han convertido en una opción que debe evaluarse película por película.
El verdadero cambio no es que Hollywood haya abandonado Cannes y Venecia.
Es que, después de años en los que asistir parecía casi obligatorio para cualquier producción con aspiraciones de prestigio, los estudios han descubierto que también pueden llegar a los Oscar sin pasar primero por Europa.