Ariana Grande inició una acción legal contra dos presuntos hackers cuya identidad aún se desconoce, luego de años de filtraciones de material musical inédito, fotografías privadas y grabaciones vinculadas a su proceso creativo.
La demanda fue presentada el lunes 27 de julio ante un tribunal de Los Ángeles. En el documento, la cantante acusa a los responsables de haber vulnerado cuentas digitales pertenecientes a personas de su entorno cercano, entre ellas fotógrafos, productores y colaboradores que trabajaban directamente con ella.
Según los documentos judiciales revisados por medios especializados, los acusados habrían utilizado campañas de phishing y otros métodos de hackeo para acceder a archivos privados. Una vez dentro de las cuentas, presuntamente descargaban canciones, imágenes, videos de estudio y otros materiales no publicados para luego comercializarlos de manera ilegal.
La demanda sostiene que parte del contenido robado fue vendido en la dark web por importantes sumas de dinero. Entre los archivos afectados habría demos musicales, masters inéditos, fotografías exclusivas y grabaciones realizadas durante sesiones de estudio.
El caso describe una serie de incidentes ocurridos entre 2019 y 2024. De acuerdo con la acusación, en 2019 los responsables habrían obtenido las credenciales de una cuenta de Dropbox perteneciente a un fotógrafo que había trabajado con Ariana Grande.
Un año después, los presuntos hackers habrían accedido al teléfono móvil de uno de sus productores, desde donde obtuvieron masters, maquetas y grabaciones de sesiones musicales que todavía no estaban destinadas a publicación.
La situación habría escalado en 2023, cuando se filtraron 45 canciones inéditas de la artista antes de que pudieran ser lanzadas oficialmente. Los abogados de Grande sostienen que la cantante ha enfrentado filtraciones de material desde el inicio de su carrera, en 2011, pero que estos ataques recientes alcanzaron un nivel especialmente grave.
La demanda también señala que en 2024 los responsables habrían creado una cuenta de Gmail y un dominio de internet para hacerse pasar por un fotógrafo. Con esa identidad falsa, presuntamente engañaron a un técnico digital con el objetivo de obtener fotografías inéditas de la intérprete.
Por ahora, los acusados aparecen en los documentos judiciales como “John Does”, una fórmula utilizada cuando la identidad de los demandados aún no ha sido confirmada. El objetivo inicial del proceso es obtener autorización judicial para emitir citaciones que permitan rastrear la actividad digital de los responsables y descubrir quiénes están detrás de los ataques.
La defensa de Ariana Grande sostiene que el caso busca identificar a los presuntos autores y exigirles responsabilidad por una conducta que consideran invasiva, dañina e ilegal. También argumentan que es fundamental desalentar este tipo de acciones, no solo para proteger a la artista, sino también a otros creadores que han sufrido robos similares de material privado.
Según la demanda, la invasión a la privacidad de la cantante y la interferencia en su carrera le habrían causado un daño sustancial e irreparable. Sus abogados insisten en que los artistas tienen derecho a decidir cómo y cuándo compartir su obra con el público.
Una fuente cercana a Grande señaló que la acción legal también pretende sentar un precedente frente al robo y distribución ilegal de contenido creativo. La postura de la artista es que las filtraciones no solo afectan la sorpresa de un lanzamiento, sino también el control artístico, emocional y profesional sobre su trabajo.
La cantante ya había hablado públicamente sobre su frustración por estas filtraciones. En una entrevista con “The Zach Sang Show”, durante la promoción de “Eternal Sunshine”, recordó que algunas canciones grabadas antes de su participación en “Wicked” terminaron circulando en TikTok sin autorización.
En aquella conversación, Grande mencionó el caso de “Fantasize”, una canción que, según explicó, fue escrita para un proyecto televisivo y no para su propio repertorio. La artista calificó la filtración como un robo y expresó su molestia por la forma en que ese material terminó siendo difundido por usuarios en redes sociales.
El caso vuelve a poner sobre la mesa un problema cada vez más frecuente dentro de la industria musical: el robo de material inédito y la circulación no autorizada de canciones antes de su estreno oficial. Para los artistas, este tipo de filtraciones puede alterar campañas de lanzamiento, afectar decisiones creativas y vulnerar procesos que todavía están en desarrollo.
En el caso de Ariana Grande, la demanda apunta a proteger tanto su privacidad como su derecho a controlar la publicación de su música. La artista sostiene que los ataques no solo comprometieron archivos personales, sino también piezas de trabajo que formaban parte de su evolución creativa.
FILE PHOTO: Ariana Grande performs during Wango Tango concert at Banc of California Stadium in Los Angeles, California, U.S., June 2, 2018. REUTERS/Mario Anzuoni/File Photo
La acción legal todavía se encuentra en una etapa inicial, ya que primero busca identificar a los responsables. Sin embargo, el caso podría convertirse en un precedente importante para otros músicos y figuras públicas que han enfrentado filtraciones similares.
Mientras avanza el proceso judicial, Ariana Grande busca enviar un mensaje claro: el acceso ilegal a cuentas privadas, el robo de obras no publicadas y la venta de material creativo sin autorización no deben ser tratados como simples filtraciones de internet, sino como actos que afectan directamente la privacidad, la carrera y los derechos de los artistas.